Según Bloomberg, citando a personas familiarizadas con la situación, las principales razones del fin de la relación entre PlayStation y Kojima Productions fueron las preocupaciones de Sony sobre el presupuesto de Physint, su rentabilidad potencial y los términos de exclusividad.
Uno de los factores clave, según las fuentes de la publicación, fueron los resultados comerciales de los últimos juegos de Kojima. Ni Death Stranding ni su secuela Death Stranding 2 lograron cumplir las expectativas financieras de PlayStation. Al mismo tiempo, Physint también enfrentó sus propios problemas: el desarrollo supuestamente no cumplía con los plazos establecidos, y los costos ya amenazaban con exceder significativamente el presupuesto inicial, a pesar de que aún faltaban varios años para el lanzamiento.
Un problema adicional para Sony fue el propio modelo de cooperación con Kojima. La compañía no estaba dispuesta a invertir cientos de millones de dólares en un nuevo proyecto que, en última instancia, no debía seguir siendo una exclusiva permanente de PlayStation. Ambas partes de Death Stranding se lanzaron inicialmente en las consolas de Sony, pero luego aparecieron en otras plataformas. Al mismo tiempo, los derechos de la franquicia pertenecen a Kojima Productions, no a Sony.