Después de despidos masivos, el cierre de estudios y la cancelación de proyectos, Microsoft provocó descontento al aumentar los precios de Xbox y la suscripción a Game Pass.
Fryer cree que el equipo de Xbox, posiblemente, no esté seguro de lo que está haciendo, no en un sentido negativo, sino más bien en un sentido de búsqueda.
«Cuando trabajaba en Xbox, siempre me divertía que la gente de fuera pensara que lo calculábamos todo. En realidad, simplemente intentábamos entenderlo. No teníamos ni idea de lo que estábamos haciendo».
Este enfoque, según ella, se siente también ahora: Xbox está perdiendo estabilidad y la estrategia de la compañía sigue siendo inconsistente. Ya desde la época de Xbox One, la marca experimenta problemas: las consolas de Microsoft son deficitarias, solo los juegos y el contenido generan ganancias.
Fryer recordó que incluso Game Pass es un experimento, aunque exitoso: el servicio generó alrededor de 5 mil millones de dólares, o el 21% de los ingresos anuales de Xbox. Pero una serie de escándalos en torno a los precios y la política pueden socavar la confianza de la audiencia y complicar la búsqueda de nuevos empleados.
«Todos estos cambios perjudican a la marca. Cuando lanzamos Xbox, Microsoft no era una compañía querida. Xbox la hizo más cercana, divertida, viva. Ahora este sentimiento desaparece, y se pierde la capacidad de atraer a gente talentosa».
Fryer concluyó con las palabras de que Microsoft necesita restaurar la confianza de los jugadores. Pero hacerlo no será fácil, especialmente si la publicidad aparece directamente en los juegos de consola.