Un claro ejemplo es la marca BRAVIA. El papel de esta línea está cambiando gradualmente: de un simple producto de consumo, se está convirtiendo en parte de la estrategia global de Sony, que une dispositivos con cine, streaming y juegos. Esta es una señal de que la compañía ya no quiere competir solo como fabricante de equipos.
Ahora, los tres pilares clave son: Sony Pictures, Sony Music y PlayStation. Son ellos los que generan ganancias escalables en el modelo digital, desde suscripciones hasta la venta de contenido y servicios en línea. Este negocio depende menos de la costosa producción y las guerras de precios que la electrónica clásica.
Hoy en día, la consola no es solo un producto físico, sino una entrada a un ecosistema cerrado. La PS5 funciona según principios similares a los de los teléfonos inteligentes de Apple: el dispositivo estimula las ventas rentables de copias digitales de juegos y suscripciones. Los jugadores forman bibliotecas y listas de amigos, lo que les impide cambiar a la competencia. Sony considera las consolas como una herramienta rentable para mantener el compromiso de millones de fanáticos leales.