La historia surgió en circunstancias inusuales: un jugador afortunado compró una versión de desarrollo del exitoso juego en una venta de garaje y la publicó en línea. El hallazgo provocó una avalancha de preguntas, a las que respondió el veterano de la industria Obbe Vermeij. Explicó que el transporte acuático creaba problemas técnicos gigantescos que el motor físico del juego no podía manejar.
El principal desafío fue el trabajo de la IA de los peatones y el transporte de automóviles. Los residentes de Liberty City se atascaban constantemente en las rampas y los automóviles se deslizaban de forma antinatural directamente al océano. Al final, el equipo tomó la dolorosa decisión de eliminar por completo la mecánica en aras de la estabilidad del juego. Este reconocimiento demuestra cuántas ideas ambiciosas terminan en la papelera.