El líder del movimiento Stop Killing Games, Ross Scott, habló en Bruselas con la iniciativa de limitar la práctica en la que los editores "matan" juegos sin consecuencias. Lo comparó con los libros: si un editor no puede quitar una copia comprada, en el entorno digital las empresas lo hacen regularmente, apagando los servidores y haciendo que el producto no se pueda jugar.
El principal ejemplo fue Concord, un shooter heroico financiado por Sony, que se convirtió en uno de los mayores fracasos de la industria. El proyecto se cerró dos semanas después de su lanzamiento.
A los jugadores se les devolvió el dinero, pero la situación se volvió reveladora: el juego desapareció incluso para los propietarios de copias físicas. Scott señaló que el proyecto no tenía "planes para detener el soporte", lo cual es inaceptable desde el punto de vista de los derechos del consumidor.
Durante la audiencia, respondió a los argumentos de los lobistas sobre el alto costo del soporte. El movimiento propone: no exigir servidores eternos, apagar los sistemas en línea después de que finalice el soporte y mantener una versión jugable básica a través de servidores fuera de línea o de la comunidad.
La discusión en el Parlamento Europeo se convirtió en un paso hacia nuevas reglas de propiedad digital. Scott declaró que es aceptable cerrar un juego incluso inmediatamente después del lanzamiento, siempre que no se destruya el producto comprado.