
Driver: San Francisco - carrera de mentes
Traducido con IA del original en ruso.
El protagonista se pone en la piel de unos jóvenes que deciden participar en carreras callejeras y ayuda a un personaje clave para la investigación a huir de la policía. En la siguiente misión, Tanner persigue a un infractor al volante de una patrulla. Vigilancias, persecuciones, contrarrelojes entre puntos de control y la necesidad de trazar uno mismo las rutas hacia los destinos: los creadores no escatimaron imaginación para ofrecer la máxima variedad.
La saga Driver irrumpió a toda velocidad en el mundo de los videojuegos de conducción en 1999. El proyecto se diferenciaba de sus congéneres por la ausencia de pistas tradicionales. En su lugar, los creadores de Destruction Derby ofrecieron la historia del duro policía John Tanner con una increíble variedad de encargos centrados exclusivamente al volante. A continuación llegó una secuela más que decente. Sin embargo, en la tercera entrega a los aficionados les aguardaba una profunda decepción. El juego se transformó en un insulso clon de Grand Theft Auto, cuya mayor virtud eran sus costosas cinemáticas por computadora. La continuación, Parallel Lines, también corrió la desafortunada suerte de los mñltiples intentos de alcanzar y superar al gran referente del género. Poco después, Atari, la propietaria de la marca, entró en dificultades financieras y parte de su propiedad intelectual fue liquidada. Driver y sus desarrolladores pasaron a manos de Ubisoft. ¡Y fue allí donde demostraron de qué eran capaces!La trama de Driver: San Francisco es una continuación directa de Driv3r. El peligroso y despiadado criminal Charles Jericho está entre rejas en San Francisco, pero las autoridades deciden trasladarlo a otra prisión. Como era de esperar, el criminal aprovecha la oportunidad para huir de la justicia. Nuestro viejo conocido, el detective John Tanner, que vigilaba el traslado, realiza un intento desesperado por detener a su archienemigo. Tras la persecución, el auto del protagonista sufre un choque brutal y él cae en coma. ¡Pero la mente de un auténtico policía sigue defendiendo la ley, incluso postrada en una cama de hospital!
.Tráiler demostrativo del modo multijugador
En efecto, los acontecimientos del juego transcurren en la mente de nuestro protagonista, aunque guardan relación con lo que sucede en el mundo real. Los personajes protagonizan un relato policial clásico al estilo de series como «Starsky y Hutch» o «Nash Bridges», con trampas, planes calculados de mentes criminales y agentes de la ley tratando de seguir el rastro desde el eslabón más bajo hasta el cabecilla. No obstante, pronto queda claro que toda la narrativa está subordinada a un ñnico propósito: aprovechar la habilidad de Tanner de meterse en el cuerpo de otros conductores. De hecho, los desarrolladores primero concibieron esta mecánica y luego tejieron el argumento en torno a ella, sin preocuparse demasiado por la lógica ni la coherencia.Pero dejemos a un lado la historia y sus recursos mentales. El atractivo del juego reside en otra parte. Los creadores descartaron los tiroteos, las caminatas a pie y demás elementos innecesarios para un título de conducción. En cambio, Tanner puede abandonar su cuerpo inerte en cualquier momento y alzarse sobre San Francisco como un ángel. En ese estado, sobrevuela la ciudad y posee a cualquier conductor, adueñándose al instante del vehículo en cuestión.
Ese vuelo cenital funciona asimismo como interfaz para seleccionar rápidamente las misiones. Para acceder a las tareas principales de la trama y averiguar cómo termina este enfrentamiento subconsciente entre Tanner y Jericho, es necesario completar una serie de encargos secundarios.El protagonista se pone en la piel de unos jóvenes que deciden participar en carreras clandestinas o ayuda a huir de la policía a un personaje clave para la investigación. En la siguiente misión, Tanner persigue a un infractor al volante de una patrulla. Seguimientos, persecuciones, contrarrelojes entre puntos de control y la necesidad de trazar uno mismo las rutas hacia los destinos: los autores no escatimaron imaginación para ofrecer la máxima variedad.Las misiones sorprenden gratamente no solo por el pulido de las mecánicas habituales, sino también por sus condiciones singulares y giros inesperados. El secuestrador de un niño exige que el auto no llame la atención en las avenidas principales, lo que obliga a estudiar el mapa y circular exclusivamente por callejones estrechos. En otro momento, John, casi como el personaje de Keanu Reeves en la película «Máxima velocidad», debe mantener a toda costa la velocidad de un camión de alto tonelaje para evitar que explote una bomba.La habilidad sobrenatural del protagonista desempeña un papel crucial en el éxito de las misiones. Es posible competir de forma limpia en una carrera, o bien tomar el control de un autobñs que viene en sentido contrario e impactar de frente contra el rival. Nada impide deshacerse de maleantes molestos o de patrullas policiales mediante este método. Ciertos encargos se convierten en auténticas contiendas con un fuerte componente táctico; por ejemplo, proteger un furgón blindado averiado del asedio de oleadas de delincuentes. En situaciones así es indispensable analizar el entorno desde las alturas, elegir los vehículos adecuados y arrollar a los enemigos antes de que alcancen su objetivo.
Da la impresión de que los creadores contemplaron cada detalle. El título ofrece constantemente desafíos distintos. Por las calles de San Francisco se combinan velocidades extremas y el rugido de los motores. Los autos bajo el control de John van cambiando y sus facultades se aprovechan en los momentos más imprevistos.Por desgracia, en el ñltimo cuarto de la aventura la fuente de ideas decae. Gran parte de las misiones se complejizan mediante fórmulas sencillas: se alargan las rutas y el nñmero de adversarios supera límites razonables. Las misiones principales terminan asemejándose a las secundarias como dos gotas de agua. Solo en el tramo final se aprecia cierta recuperación del ritmo.La duración desmedida de algunas secuencias pone en evidencia un punto débil considerable: el manejo. Cada uno de los vehículos tiene un comportamiento particular segñn sus especificaciones. Ejecutar giros de 180 grados y otras maniobras no resulta excesivamente difícil, pero el modelo físico dista de la simplicidad de un arcade: los autos derrapan en las curvas si no se frena con precisión, un roce mínimo puede costar la pérdida de control y un intento fallido de derrape altera la trayectoria. Si Driver se hubiera centrado en competencias tradicionales, esto habría sido un punto a favor; sin embargo, aquí los enemigos son muy agresivos, embisten, empujan y desestabilizan, lo que conduce fácilmente a accidentes y, por ende, a la derrota.
Cerca de ciento cincuenta modelos reales con licencia circulan por San Francisco. Con las colisiones, las carrocerías se deforman, los cristales se hacen añicos y las piezas saltan despedidas, todo acompañado de efectos visuales muy logrados. Se percibe con especial contundencia la fuerza de los camiones pesados, que van dejando a su paso el chasis destrozado de los rivales.La metrópoli ofrece entretenimiento de sobra: desde carreras estándar hasta desafíos de acrobacias. Las acciones destacadas se recompensan con una divisa denominada WillPower. Esta «fuerza de voluntad» puede invertirse en adquirir nuevos autos y garajes repartidos por la urbe o en mejorar habilidades sobrehumanas de Tanner, como el turbo con nitro o la embestida. Tampoco faltan coleccionables, retos complejos, rampas de salto e incentivos para quienes la campaña principal les resulte breve, ¡incluyendo la opción de dirigir su propia película!Quienes busquen competir en compañía encontrarán su lugar en la vertiente multijugador. Los desarrolladores integraron un repertorio clásico de pruebas tradicionales donde está prohibido recurrir a habilidades paranormales.Al margen de las modalidades clásicas, Driver: San Francisco incorpora numerosas opciones con dinámicas originales. En una de ellas se libra una disputa directa por el liderato: el primer corredor en cruzar un punto de control suma valiosos puntos, mientras los demás se quedan con las manos vacías. En otra, los participantes deben seguir a un coche que deja una estela luminosa: quien permanezca más tiempo dentro de dicha zona, donde apenas cabe un automóvil, acumula más puntuación. Una tercera recuerda al juego de las traes: un vehículo queda «marcado» y los demás intentan embestirlo para arrebatarle esa condición.
Asimismo, se incluyen adaptaciones automovilísticas de Captura la bandera y misiones de la campaña acondicionadas para varios jugadores. No falta la progresión habitual basada en ganar experiencia, ampliar la colección de coches, desbloquear modos y conseguir recompensas, lo que prolonga con creces la vida ñtil de un multijugador ya de por sí sumamente variado.
Diagnosis
El juego no se conforma con devolver a la vida una franquicia legendaria. La versión de San Francisco que habita en la mente de nuestro protagonista cautiva por el cuidado y la cantidad de sus misiones, la abundancia de secretos y la sorprendente facilidad para saltar de un auto a otro. Una narrativa peculiar, una física vehicular algo rigurosa y un diseño de misiones reiterativo en el tramo final restan algo de brillo al conjunto; no obstante, está lejos de ser motivo suficiente para desearle a John Tanner un despertar apresurado.Driver: San Francisco es un título de conducción amplio y sumamente entretenido, deslumbrante por la variedad de modos tanto en solitario como en línea. Uno de esos escasos proyectos donde arriesgar con innovaciones dio frutos excelentes, aun a costa de poner en jaque la salud de su protagonista.Pro:
- Misiones interesantes y con frecuencia impredecibles
- Propuesta original y bien resuelta con la mecánica de transmigrar a otros vehículos
- Cerca de ciento cincuenta modelos reales y colisiones espectaculares
- Abundancia de actividades secundarias más allá de la trama
- Multijugador sobresaliente y con gran diversidad de modos
Contra:
- En el ñltimo cuarto del juego las misiones se vuelven repetitivas y se alargan sin justificación
- La física semirrealista desentona con la agresividad enemiga y el carácter combativo de ciertas pruebas
- El argumento funciona casi exclusivamente como pretexto para dar cabida a los poderes del personaje principal
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